UN TIPO ZAFIO Y MENTIROSO
Es complicado en los tiempos que corren escribir algo contra el Partido Popular -¿nuestra única esperanza?-, pero nada produce más desasosiego que la mentira por omisión.Dos miembros de Coruña Liberal –una segunda marca del PP en la citada ciudad- interrogaron a la diputada derechista Manuela López Besteiro, después de la “consternación” producida por la firma del acuerdo que, sobre política lingüística, refrendaron los tres grupos parlamentarios gallegos. La que fuera conselleira de educación, y ahora encargada de la negociación y la rúbrica, respondió con la desenvoltura del ama de casa que presume de habilidad en el regateo comercial: que menos mal que había conseguido el cincuenta por ciento, que el Bloque quería el ochenta.
Los grupos liberales gallegos habían empleado esa palabra “consternación” para referirse a la sensación producida por un acuerdo que liquida, a corto plazo, toda esperanza de libertad lingüística en Galicia.
Como precedente, ¿qué significó la legislación de los gobiernos de Manuel Fraga en cuestiones culturales, educativas y lingüísticas, en un contexto político y administrativo dominado por la estrategia nacional-socialista de liquidación del grupo lingüístico español en Galicia?. Sencillamente un peaje con el que el político de Villalba no consiguió ser perdonado por su pasado franquista, y un factor táctico que impidió el renacimiento de un partido regionalista/nacionalista de derechas que le hiciera sombra. Convendría también repasar la nómina de los políticos nacionalistas incrustados durante el período Albor-Fraga en la administración cultural, en la educativa y en la radio y televisión oficiales: una mayoría abrumadora.
En vísperas de su última derrota electoral ante Fraga, Beiras afirmó que no produciría nueva legislación sobre la lengua: se limitaría a aplicar la que dejó su presunto predecesor. En efecto, excepto en el tramo último del reinado de Manuel Fraga, se aplicaron aquellas normas con mucha laxitud. Ahora bien, dejó listo y engrasado un aparato de patente catalana para la represión de las libertades lingüísticas: los departamentos de “normalización lingüística”. Sólo su descripción produce escalofríos. ¿Sabía usted que bandas de niños soplones, alumnos en los centros educativos de Galicia, canalizan información acerca de quienes usan o no el idioma español en sus aulas?. Los profesores expertos en delación lingüística, que hacen méritos en esos departamentos, la elevan a la dirección de los centros y estos a la inspección educativa. De esta manera Touriño y Quintana se deshacen con siniestra pulcritud administrativa fraguista de los profesores molestos. Gracias, Manolo. Estos departamentos están presentes en los restantes ámbitos de la administración local y autonómica de Galicia, aunque sin abuso ni explotación de menores.
Un sistema de sobreinspección, basado en la coacción pública a través de la prensa la constituye la llamada “Mesa para la normalización lingüística de Galicia”. Esta “Mesa”, fue reconocida por Albor como de interés público, lo que la hace receptora de cuantiosas subvenciones, y es regida en su funcionamiento habitual por funcionarios en comisión de servicio que todos pagamos. Fraga ha sostenido este comisariado político que no es más que un apéndice del nacionalismo militante. Cobarde.
Fraga Iribarne se inventó cosas muy graciosas, por ejemplo: el “bilingüismo armónico”. Quizá, una manifestación de esa “armonía” fuera esa disposición que obliga en los centros educativos de Galicia a impartir en lengua gallega todas las asignaturas fácilmente ideológizables: filosofía, historia, biología, etc. Explicadas estas materias por un profesorado predominantemente progre, han generado, ente otras cosas, un notable rencor y odio hacia todo lo español en el alumnado gallego. Bien Manolo, bien. Te recuerdo de camisa azul en el teatro de la Comedia cada 29 de octubre.
Nada resulta más repugnante que el lloriqueo de Fraga en sesiones académicas o festivas entregando las medallas conmemorativas del xenófobo Castelao, pero en absoluto carentes de coherencia. Es don Manuel un nacionalista españolista, pero sobre todo nacionalista y hombre de poder. Por eso ha entendido a la perfección a los nacionalistas galleguistas y ha congeniado con algunos de ellos.
El sucesor que le ha salido a Manuel Fraga es también un señorito de derechas con idénticas tendencias antiliberales, complejo ante lo progre y afición por el poder, pero con menos lecturas. Dos entrevistas realizadas por Jiménez Losantos en la COPE han recogido la mentira sorprendentemente reiterada de este siniestro personaje. Ha dicho que en los centros escolares gallegos las dos lenguas (castellano y gallego) se emplearán al cincuenta por ciento. MENTIRA. Acaba de firmar un acuerdo por el que AL MENOS el cincuenta por ciento de las asignaturas se dará en lengua gallega. Cosa muy diferente. Teniendo en cuenta el predominio ideológico progre en los centros docentes y la presión endógena y exógena del nacionalismo sobre los mismos, a no tardar el número de asignaturas impartidas en gallego en los centros gallegos alcanzará el 100%. El sesquilingüismo (fácil comprensión entre grupos lingüísticos diferentes) facilitará esta expansión.
En la última entrevista, realizada en la ciudad de Orense, Núñez Feijoo afirmó que los gallegos se sentían parte de la nación española. ¿Hizo alguna referencia a Cádiz, donde individuos libres e iguales se dieron así mismos una ley, que los defendiera, preferentemente, de los abusos del gobierno?: no. Citó quizá la tradición iusnaturalista cristiana como fundamento del liberalismo genuino: tampoco. Para esta lumbrera de la gestión administrativa, los gallegos sienten su pertenencia a la nación española, sencillamente, por que les interesa desde el punto de vista económico. Reconozcamos el acierto de Pío Moa al designar a estos especimenes como derechistas marxistas. Analfabetos que no conocen ni la tradición en la que militan, que su ponzoña moral y adicción al poder se fundamenta en un secreto reconocimiento de la superioridad moral de progres, nacionalistas e izquierdistas: una calamidad.
Frecuentemente Rajoy apela a la urgencia en la que vivimos para afirmar que no es momento de debates teóricos. Cuando llegue ese ansiado momento, ¿de que se puede discutir, por ejemplo, con Núñez Feijoo?. ¿Sobre debilidad intelectual y moral como principal problema del PP?. ¿Es esto aplazable en un cuerpo político que no conoce la historia de España, y que no sabe afirmar la legitimidad de la derecha española?. Volvamos de nuevo a Moa: los abusos y violencias actuales de progres, nacionalistas e izquierdistas tienen un soporte fundamental en la falsificación del pasado.
El Partido Popular tiene un magnífico patrimonio: su cuerpo electoral. Personas de clase media y trabajadora de convicciones morales católicas. Con seguridad la parte mejor de la sociedad gallega. Estoy seguro de que los liberales gallegos se movilizarán para llevar a este electorado en el sentido de la libertad, e impedir de ese modo que el personaje espurio, que Fraga ha dejado como excrescencia, alcance la presidencia de la Xunta de Galicia.
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